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Desde que se descubriera su uso cosmético, la toxina botulínica, más conocida como 'botox', se ha convertido en una de las armas antiedad de mayor éxito en la medicina estética. En nuestro país, está de plena actualidad al autorizar el Ministerio de Sanidad, desde el pasado 18 de febrero, su uso estético (bajo el nombre comercial de Vistabel). A principios de la década de los 70 comenzó a utilizarse para tratar el estrabismo, y su uso oftálmico permitió descubrir un efecto secundario inesperado: la toxina paralizaba también los músculos de la frente, evitando así la formación de arrugas.
La toxina es un producto extraordinariamente potente, pues basta una pequeñísima cantidad para acabar con la vida de una persona, pero su uso en medicina estética no presenta problema alguno, dado que las dosis son infinitesimales. Se aplica mediante inyección, por lo que no deja cicatrices y tiene efectos visibles inmediatos.
El 'botox', inyectado en zonas tales como las axilas o palmas de manos y pies, paraliza la actividad de las glándulas sudoríparas, cortando así la aparición de sudor.
El periodo de efectividad es de unos meses seis meses. A pesar de no ser un tratamiento definitivo tiene la gran virtud de no tener como efecto adverso la hiperhidrosis compensatoria que aparece en la cirugía
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